35 años
| Perú
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Mi hermano y yo no nos hablamos por más de un año después de una discusión estúpida sobre una herencia familiar. El silencio era pesado y doloroso. La reconciliación llegó de la manera más absurda: nos encontramos en la farmacia, ambos buscando el mismo medicamento para el resfriado. Nos miramos, y en lugar de pelear, comenzamos a reír por lo ridí*** de la situación. Él me preguntó si quería un té de limón, y en ese acto simple, el muro de un año se derrumbó.
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