25 años | Perú
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Siempre pensé que los amigos eran solo para los buenos momentos, hasta que perdí mi trabajo y varios dejaron de llamarme. Solo uno se quedó, invitándome a caminar para que no me encerrara en mi tristeza y compartiendo su almuerzo cuando sabía que yo estaba corto de dinero. No me dio grandes discursos ni soluciones mágicas, solo presencia, y ahí entendí que la amistad verdadera no es la que celebra contigo cuando subes, sino la que se sienta a tu lado cuando caes.

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