27 años
| Colombia
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Confieso que todavía me río con esto. Todas las mañanas compraba café en la misma esquina y el señor siempre decía “luego me pagas”. Un día dejó de abrir. Semanas después lo vi en otra cuadra y me gritó: “¡Oye, me debes como diez cafés!”. Los pagué todos y nos reímos. Ahora cada vez que paso, me guiña el ojo y me fía otro.
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