29 años
| México
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Confieso que el ascensor cambió mi semana. Vivo en un edificio chico y todos fingimos no conocernos. Un martes se trabó entre pisos y quedé con la vecina más callada. Silencio eterno… hasta que soltó: “¿Sabías que el del 5º vende postres a escondidas?”. Reímos, hablamos de todo y cuando bajamos ya éramos cómplices. Desde ese día, nos saludamos como viejos amigos y el edificio dejó de sentirse frío.
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