34 años
| Argentina
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Confieso que mi papá nunca fue de abrazos, pero todos los domingos preparaba café y se sentaba conmigo en la cocina. No hablábamos de sentimientos, solo del clima, del fútbol, de cualquier tontería. Un domingo no lo hizo porque estaba enfermo y la casa se sintió rara. Desde entonces, cada vez que huelo café recién hecho, siento que ahí está, acompañándome sin decir nada.
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