42 años | México
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Cuando me diagnosticaron cáncer , le dije que se fuera, que no quería que cargara con eso y menos conmigo . Me miró y me respondió: No prometí estar solo en los días buenos. Me acompañó a cada tratamiento, a cada madrugada de miedo. Un día, mientras me dormía en su hombro, le pregunté por qué seguía ahí y me dijo, porque quiero estar cuando vuelvas a bailar. Y cuando me recuperé, lo primero que hicimos fue ir a bailar.

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