23 años
| México
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Guardé por años mi vestido de novia, aunque nunca llegué a casarme. Él se fue una semana antes de la boda, diciendo que no estaba listo. Años después, doné el vestido a una pareja joven con recursos limitados para que se case. Me mandaron una foto de la chica usándolo, con la sonrisa más linda del mundo. Ese día entendí que hay cosas que no se pierden, solo cambian de destino.
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