31 años
| México
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Fui una adolescente muy problemática en la que nadie creía, excepto mi abuela. Cuando terminé en una correccional de menores, ella era mi única visita, pero falleció mientras yo estaba allí. Al salir, la vergüenza me impulsó a cambiar radicalmente mi vida: me mudé de país, conseguí una beca, destaqué académicamente y fundé un grupo de apoyo para adolescentes. Lo que me duele cada día es que ella, la única persona que confió en mí, nunca pudo ver el éxito en el que me convertí ni sentirse orgullosa.
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