27 años | México
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Cuando era estudiante foráneo, le pagaba a la vecina para dejarme ir a comer a su casa. No me cobraba mucho, pero pues el consumo. Le funcionaba a ella y a mí y cocinaba muy rico. Cuando me fui de Monterrey, la señora me devolvió todo mi dinero, me dijo que yo era estudiante y que ella no necesitaba el dinero, y que me lo guardo y que pago suficiente era ir a comer y cenar con ella y hacerle compañía. Nunca se le va a olvidar

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