36 años | Bolivia
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Mi tío nos quitó la parte que nos correspondía de la casa de mi abuela. Años después se enfermó y necesitaba que alguien firmara unos papeles para poder vender otra propiedad. Adivina quién era él único heredero con derecho a firmar: Yo. Lo miré, y le dije: Ay, tío, lo que se siembra… se cosecha. Y no firmé.

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